Donald Trump y la negligencia del Papa Francisco.

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¿Se puede hablar de una ciencia cristiana?:

Desde muchos siglos atrás la filosofía y la ciencia crecieron, maduraron y finalmente se marcharon de su casa paterna, la teología, para hacer vida legítima y autónoma. Hoy en día hacemos una distinción clara y explícita entre estas disciplinas y reconocemos una diferencia fundamental entre teología y ciencia: la primera se funda en principios de autoridad - fe - que recibe como revelación y considera los objetos de que se ocupa como revelados o deducibles a partir de esos principios; la ciencia, por su parte, se funda en principios que son conocidos por la razón y la experiencia y considera los objetos de que se ocupa como aprehensibles por esos dos recursos para llegar a conclusiones que son fruto exclusivo del razonamiento humano. Lo que interesa al discurso teológico es si sus argumentos y conclusiones están soportados por los principios revelados, en tanto que lo que interesa a las hipótesis científicas es si están soportadas o refutadas por la observación y la experimentación según ciertos métodos acordados.

Así pues, la teología dogmática o la teología natural o escolástica nunca ofrecen criterios de verdad para la ciencia, de tal modo que ningún enunciado científico es verdadero y cristiano solo por ser compatible con la dogmática cristiana, como tampoco puede ser falso y pagano o hasta herético si contradice con sus resultados dicha dogmática. Resulta absurdo y hasta chocante hablar, por ejemplo, de una medicina cristiana o una economía cristiana. Un médico o un economista pueden ser cristianos, pero no pueden ser cristianas sus respectivas ciencias, que solo son eso: ciencias. Así que la respuesta a la pregunta que titula este apartado inicial es la que sigue: si la ciencia es una parcela legítima y autónoma del conocimiento humano, con sus métodos y objetos propios, y con al menos igual dignidad que la teología, no puede ser cristiana de modo alguno, como tampoco puede ser pagana o herética. Al final, a lo más que puede aspirar legítimamente una frase como "economía cristiana" es a significar que los enunciados de dicha ciencia son compatibles con la sabiduría cristiana, no más, y sin que ello le agregue validez a sus enunciados.

Dado lo anterior, nos queda claro que todo discurso o argumentación teológica siempre permanece en el terreno de la teología sin poder convertirse en ciencia o filosofía. Y esto se sostiene aun y cuando el teólogo proceda a usar de categorías y formas de razonamiento científicos o filosóficos para llegar a determinadas conclusiones a partir de premisas reveladas - obtenidas por la Revelación -. Lo cierto es que esto último no convierte a la teología en ciencia o filosofía de manera alguna, solo da lugar a la formación de la teología escolástica o natural, puesto que los principios, los datos, las premisas, se siguen obteniendo por Revelación y se siguen aceptando por fe, no por lo que es propio de la ciencia y la filosofía: la razón y la experiencia.

El intercambio verbal entre Donald Trump y el Papa Francisco:

Traje lo anterior a cuentas para que sirva como marco de referencia conceptual en el trabajo que me propongo en este artículo: espigar algunas conclusiones en torno al intercambio de críticas que se dio entre Donald Trump y el Papa Francisco durante la visita pastoral de éste a México.

Ya sabemos que Donald ha sido convertido en el ave de las tempestades por el Establishment norteamericano una vez que se atrevió a poner en duda y bajo amenaza los principios que norman los negocios lucrativos de las élites de ese país. El circo ha escalado tanto, que la campaña norteamericana ya se parece mucho a las campañas mexicanas de los últimos tiempos. Vaya, ya hasta tenemos ahí al Felipe Calderón y el Fox ocupados en las mismas tonterías que hicieron y dijeron en las elecciones del 2006 en México: comparando a Donald con Hitler y diciendo que es un peligro para EUA. Bendito sea Dios con estos necios. Y por si faltara poco, ya hasta el Papa mordió el carnaval de las tempestades con Donald para cometer varios despropósitos, como veremos enseguida.

De lo menos que se puede acusar a Donald Trump es de ser un sujeto torpe o ingenuo. Su fortuna obtenida con el esfuerzo propio lo avala como un tipo astuto. Y me parece que Donald Trump mostró la lucidez de su razón astuta al anticiparse bien a una de las intenciones centrales que tendría la visita del Papa a este país: la condenación teológica de su posicionamiento político en el tema de la inmigración en Estados Unidos. Esta predicción completa de Trump ocurrió durante una entrevista que concedió a la cadena Fox News días antes de la visita del Papa, y donde añadió las siguientes palabras: “El Papa es una persona muy política, creo que no entiende los problemas que tiene ese país, el peligro de la frontera abierta que tenemos con México".

El dato es que las cosas sucedieron tal como Trump las anticipó. La visita del Papa a México sí se convirtió en una condenación teológica de los posicionamientos de Donald en el tema de la inmigración. Esto lo vimos hacia la parte final de dicha visita con el servicio religioso multitudinario en Ciudad Juárez, que estuvo colmado de condenaciones simbólicas hacia los posicionamientos de Donald Trump. Aquí los símbolos teológicos hablaron a más y mejor, sobre todo cuando se apeló a la familia de Nazaret como sujetos de inmigración forzada durante el tiempo del viejo imperio romano. Pero las condenaciones papales contra Donald Trump ya fueron directas y claras en la rueda de prensa que éste ofreció durante su viaje de retorno al Vaticano. A la pregunta de un reportero en torno a que si un católico podía votar por alguien como Trump, el Papa dijo lo siguiente: "Una persona que sólo piensa en la construcción de muros, dondequiera que se encuentren, y no en la construcción de puentes, no es cristiano (…) Eso no está en el Evangelio".

Ya sabemos que Donald Trump se limitó a zanjar la cuestión con expresiones amables hacia la persona del Papa, no comprando reyertas inútiles, y aclarando que él no veía una disputa con el Papa en este asunto, pero sin dejar pasar la oportunidad de deslizar por ahí la percepción de que éste estaba sesgado en sus juicios en virtud de que se había dejado usar por el gobierno mexicano en la cuestión de la inmigración.

Todo este episodio se cierra con las declaraciones del vocero del Vaticano, Federico Lombardi, en el sentido de que el Papa nunca quiso realizar una condenación personal sobre Donald Trump y tampoco una indicación del voto a los norteamericanos: "El papa ha dicho aquello que ya sabemos bien, si seguimos sus enseñanzas y sus posiciones: que no se puede construir muros, sino puentes", dijo Lombardi. Y en opinión de él, se trata de una postura muy coherente del Papa por ceñirse a las indicaciones del Evangelio sobre acogida y solidaridad.

Los errores del Papa Francisco:

Bien, si el lector no pierde de vista lo que apuntamos en el primer apartado de este artículo le será muy fácil encontrar los varios errores que cometió el Papa en este suceso. Los errores comienzan cuando el Papa y el Vaticano juzgan las propuestas de Donald Trump sobre la inmigración en los EUA única y exclusivamente desde los principios de la Verdad Revelada, tal como si el fenómeno de la inmigración fuera un objeto propio de la teología dogmática. Es por ello que se limitaron a construir sus juicios bajo el siguiente silogismo teológico: Los Evangelios ordenan la acogida y la solidaridad con el prójimo - incluidos los inmigrantes -; Donald Trump no obedece esta norma salutífera; luego Donald Trump no es cristiano.

Para efectos prácticos, el Papa y el Vaticano mandaron a la porra a la razón y la ciencia para convertir a la inmigración en un objeto propio de la teología, a manera de una nueva "ciencia económica cristiana", con todas sus absurdidades añadidas, y con el solo propósito ilegítimo de restarle validez a las propuestas de Donald Trump y de paso dispensarle su condenación. Digo, uno tiene que concluir esto porque en ningún momento escuchamos al Papa o al Vaticano que apelaran a la ciencia económica para emitir sus juicios en el tema al menos como opinantes. Vamos, ni siquiera vimos que al menos advirtieran que las propuestas de Donald deberían ser analizadas en el tribunal de la ciencia para determinar si están corroboradas o refutadas por la observación, la experiencia o los hechos.

El silogismo teológico en este tema podrá valer para el teólogo dogmático y para el devoto cristiano que solo creen las cosas por la autoridad incuestionable de los Evangelios, sin atreverse a entender las cosas que creen, pero no es válido para aquellos que quieren apelar a la ciencia para entender el problema, y sean o no cristianos. Y debemos decir que, en este caso que nos ocupa, lo legítimo es tratar de entender el problema porque el fenómeno de la inmigración es un objeto propio, no de la teología dogmática, sino de varias ciencias sociales, especialmente de la economía.

El lector puede extrapolar con facilidad las consecuencias absurdas que se seguirían con eso de persistir en asumir a la inmigración únicamente desde el plano teológico. Para esto, suponga por un momento que todos los norteamericanos deciden que el silogismo teológico del Papa es la verdad última en el tema, y a la que deben ceñirse activamente. ¿Puede imaginar lo que ocurriría en EUA?...En efecto, catástrofe completa, amigo mío, porque ya con todas las barreras legales al flujo de personas desde el exterior disueltas, ya con todos los norteamericanos ayudando en buena copia y generosamente a los inmigrantes a cumplir su plan de asentamiento en EUA, ese país se vería invadido de seres humanos hasta las banderas, sobre todo con los apremiados por la miseria, y al poco tiempo colapsaría. Sería demasiada carga poblacional para un país con recursos finitos. Al final, y no obstante el carácter catastrófico de los resultados en el ámbito material, el Papa y el Vaticano estarían felices con el resultado por cuanto se habría dado cabal cumplimiento a las normas salutíferas de los Evangelios. Y  por supuesto que no estarían solos en el jubiloso festejo, serían acompañados por otros grandes beneficiados con la catástrofe norteamericana, aunque con móviles no tan beatíficos: los norteamericanos que usan inmigrantes a bajo precio, los políticos yanquis que usan a los ilegales como voto barato en potencia, y los políticos en los países latinos, quienes se habrían librado de una vez y para siempre de sus pobres.

¿No hemos llegado a consecuencias absurdas con el silogismo teológico? En efecto, y todo se debe a que asumimos de una manera incorrecta el problema - la inmigración en EUA -. Lo cierto es que este asunto se resuelve con los instrumentos de la ciencia, y donde la Revelación solo debe tomarse como posible redondeo moral al asunto.    

En suma, es cierto que lo que propone Donald Trump no es cristiano, pero una persona religiosa responsable que juzga este asunto debe tomarse el tiempo para aclarar explícitamente varias cosas al respecto. En primer lugar, que lo que propone Donald no es cristiano solo porque no es compatible con el dogma cristiano. En segundo lugar, que dicha incompatibilidad no presupone una prueba en contra de la validez de sus propuestas. Y en tercer lugar, que la apelación de Donald a un modo de pensamiento moderno, no teológico, para resolver el problema de la inmigración no implica que él no sea cristiano. Sin embargo, y como ya sabemos, ni el Papa ni el Vaticano se tomaron tiempo para hacer esas aclaraciones responsables.      

Otro error del Papa es que no midió con la misma vara teológica a todos los agentes y personas involucradas directa o indirectamente en el fenómeno de la inmigración en EUA. Sabemos que son muchas las causas que cooperan en la formación del fenómeno de la inmigración en los EUA. Una de ellas es el atraso y la injusticia económica y social en México y los otros países que fabrican inmigrantes forzados; y sabemos que esto es resultado, no de una providencia divina, no de una tara espiritual de los latinos, sino de la falta de eficacia en la clase política y de la ausencia de conciencia pública en los ciudadanos de esos países. Otra causa es la demanda activa del trabajo barato de los inmigrantes en ciertos grupos sociales específicos en EUA. Otra más es el interés clientelar que muchos políticos norteamericanos le otorgan a los inmigrantes ilegales, a los cuales asumen como voto barato en potencia. Y otra causa más, y tal vez la más importante, es la voluntad de los mismos inmigrantes ilegales para entrar a EUA aun en contra de las leyes de ese país. El dato es que en todas estas causas encontramos faltas a varias de las normas salutíferas de los Evangelios que no fueron atendidas por el Papa ni por asomo.  

Nunca escuchamos que el Papa le dijera directa, personal y públicamente a las figuras políticas más salientes de México que su actuación en este asunto de la inmigración no era cristiana. Tampoco escuchamos que le dijera a los políticos yanquis más destacados que no es cristiano promover la inmigración ilegal con fines electorales. Tampoco escuchamos que le dijera a los yanquis usuarios de mano de obra ilegal que su acciones no eran cristianas. Y había motivos para hacerlo por cuanto no cumplen al menos con la norma del amor al prójimo. Los mismos inmigrantes ilegales, al entrar a EUA rompiendo las leyes de ese país, están faltando contra varias de las normas salutíferas más importantes del Evangelio, entre ellas: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Digo esto porque a nadie le gusta que los otros rompan las leyes para afectarle sus derechos y libertades. Y lo cierto es que en EUA hay muchos norteamericanos, que tal vez hacen una mayoría, que creen que la inmigración ilegal les afecta negativamente. Sin embargo, nunca escuchamos que el Papa amonestara a los inmigrantes ilegales diciéndoles que entrar ilegalmente a ese país no es cristiano.

Como dije antes, cierto que lo que propone Trump no es cristiano, pero siempre y cuando eso se asuma solo desde el plano de la incompatibilidad doctrinaria y no presuponga una prueba en contra de sus propuestas. Si es así, no tengo nada que objetar en contra de esa amonestación papal. Pero ¿y los demás? ¿Ellos si son cristianos pese a sus faltas? ¿O es que ellos no deben ser amonestados pese a sus faltas? ¿Por qué solo Donald Trump fue sujeto personalizado de amonestación pública por parte del Papa?

Esto es muy extraño y da lugar a muchas suspicacias. Pero por lo menos creo que ya queda clara la asimetría o el sesgo con que el Papa y el Vaticano actuaron en este punto. Y es por esto que, pese a las palabras del vocero del Vaticano, yo me quedo con el extraño sabor a boca de una estrategia apuntada a desgastar políticamente a Donald Trump y a inducir el voto en los EUA. No puedo probarlo, por supuesto, pero tal es mi percepción en este punto. Y advierto que me encuentro en igual circunstancia de ignorancia sobre los móviles que habrán detonado esta estrategia vaticana que lleva un matiz de maquiavelismo vulgar. Pero encuentro otra incoherencia del Papa en el asunto Trump.

Según se nos dijo en los medios, el Papa no accedió a recibir personalmente a los padres que protestan por la desaparición de sus seres queridos en virtud de que su agenda no lo permitía y porque existen desencuentros entre esos grupos. Solo se limitó a invitarlos a participar en el servicio religioso multitudinario de Ciudad Juárez - nada más propicio para disolverlos en el anonimato, claro -. Por supuesto que no tengo nada que objetar a las reglas de la agenda del Papa por sí misma. Tal vez yo haría lo mismo si estuviera en su lugar. Vaya, lo de Ayotzinapa no es mi quid aquí. Lo que me interesa es lo siguiente. Recordemos que el Papa dijo que Donald Trump no es cristiano cuando "piensa en la construcción de muros (...) no en la construcción de puentes". Sin embargo, y bajo el argumento de no tener tiempo y no querer complicaciones y problemas, el Papa no estuvo dispuesto a recibir a esos protestantes, no ya con el propósito de resolver sus problemas, sino de erigir entre ellos puentes de comprensión y amistad.

¿No es incoherente que el Papa le pida puentes a Donald Trump mientras que él no está dispuesto a sacrificar parte de su tiempo y confort para tender puentes entre un grupo específico de seres humanos ordinarios y muy desesperados? Pregúntese el lector qué habría hecho Cristo en el lugar del Papa en este caso. Si lo que sabemos de Cristo por el testimonio de los Evangelios es cierto, luego estoy completamente cierto de que habría atendido a los padres de los desaparecidos para disolver su aflicción y desesperación y fundirlos en la unidad de amor y comprensión en Cristo. Sin embargo, el Papa no se aplicó a la construcción de esos puentes. 

Reflexión final: ¿Errores o negligencia del Papa Francisco?

Un hombre ocupado en la religión y la teología debería estar de acuerdo con lo que apuntamos en el primer apartado de este artículo sobre la distinción entre teología y ciencia, toda vez que no es legítimo tratar de mandar a la razón a la nada por un simple acto caprichoso de autoridad. Esto lo pondría en la ruta de los pensadores cristianos que buscaron una conciliación entre la fe y la razón a fin de entender la Revelación, incluidos sus límites y posibilidades. Se trata de ceñirse a la actitud agustiniana del "Credo, ut intelligam" que sostuvo fielmente San Anselmo de Canterbury (1033-1109), de quien podría decirse fue el primer pensador cristiano que intentó formalmente una conciliación entre fe y razón:  "Porque no busco entender para poder creer - fe -, sino que creo para poder entender", decía San Anselmo en su Proslogium, algo que significaba una aplicación rigurosa del razonamiento a los dogmas de la fe, no con la pretensión de despojarlos de su misterio, sino para entenderlos y discernir sus implicaciones en lo que es posible a la limitada razón del hombre. Y San Anselmo estaba tan de acuerdo con San Agustín en esto que llega a observar con claridad que no esforzarse en razonar lo que se cree para entenderlo, es negligencia. Fue gracias a esta actitud agustiniana en los pensadores cristianos que finalmente llegamos a las joyas de Santo Tomás de Aquino (1224-1274) y Guillermo de Ockham (1285-1347), a quienes debemos el primer reconocimiento a la legitimidad y la autonomía de la filosofía y la ciencia al menos en el tratamiento de los asuntos terrenales - Santo Tomás -, así como la aceptación de la intuición o experiencia inmediata como fundamento de todo saber factual - Ockham -. A decir verdad, fue esa expansión progresiva de la actitud agustiniana en los pensadores cristianos lo que echó los fundamentos de la revolución científica y filosófica que vendría luego en el Renacimiento. Sin esto, tal vez nada de lo actual hubiera sido posible y la historia se hubiera paralizado en el oscurantismo y la teología dogmática.  

Asumir esta actitud agustiniana y "racionalista" - entrecomillo para tener reservas con el término - cuando se está en la religión otorga a la persona un punto de vista no dogmático, razonable e inteligible de sus asuntos, digamos una posición más apuntada a la apertura y la comprensión, pero sin socavar los principios de la Verdad Revelada a los que se debe. En esta posición la Revelación es vista, no como único o  supremo saber, sino a manera de redondeo moral de los otros campos del conocimiento y la actividad humanos. Sin embargo, y con toda sinceridad, y al menos en lo que atañe al caso Donald Trump, yo no vi en el Papa esa actitud apuntada a la conciliación entre la fe y el razonamiento. Lo que vi fue a un líder religioso ortodoxo ocupado en las necesidades políticas de la institución religiosa, usando de la teología dogmática en sus discursos condenatorios, juzgando asimétricamente a los agentes y personas involucrados en el asunto de la inmigración en EUA, y a veces incoherente con respecto a las implicaciones de su misma dogmática. Podría decirse, pues, que el Papa obró de manera un tanto negligente en este punto porque no quiso entender las cosas con una actitud razonable y de apertura, apuntada al progreso y el futuro. Y bajo esa perspectiva de las cosas, yo no veo cómo el Papa Francisco pueda dialogar eficazmente con las personas que buscan entender las cosas que creen o entender las cosas para poder creer. Lo cierto es que para esas personas no basta con creer ciegamente en los principios de la Revelación para entender las cosas, o bien encuentran que la Revelación no es útil para ese propósito de entendimiento.

Debo concluir que Donald Trump tiene razón cuando dice que el Papa Francisco no entiende los problemas que tienen EUA y México con el asunto de la inmigración. Aunque nunca descartaría que sí los entiende, pero no quiere decir públicamente lo que entiende por exigencias de política práctica. En cualquier caso, estamos en problemas con la institución católica.

Y eso es todo.

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